En cualquier rincón

Oudenaarde, Flandes Oriental, Bélgica

Era otoño y era el primer viaje que hacía desde el fin del verano y mi vuelta a Bélgica. Tengo suerte porque no tengo que organizar nada. Un compañero belga nos ha invitado a su ciudad natal, Oudenaarde (Audenarde en castellano). Un total de trece personas de diversas nacionalidades nos unimos al viaje, que iniciamos un domingo por la mañana desde la estación de tren de Brujas.

El viaje es rápido y, paulatinamente, el paisaje va cambiando y se convierte en ese Flandes rural que, a pesar de estar densamente poblado, mantiene un carácter eminentemente rústico.

He de reconocer, y no me agrada admitirlo, que nunca había oído hablar de Oudenaarde. De hecho, ni siquiera busqué información antes del viaje. Esperaba un sitio muy pequeño y di por sentado que estaríamos en un ambiente familiar: haríamos una visita a la cervecería local y poco más. Me equivocaba. Como muchas localidades flamencas, Oudenaarde es hoy una tranquila ciudad de provincia. Pero no siempre fue así; como muchas otras ciudades flamencas, ha tenido altibajos de importancia en su historia.

La ciudad está atravesada por el río Escalda. El carácter fronterizo de este río siempre impidió que Oudenaarde se viese exenta de conflictos, incluyendo durante la época española. No obstante, hasta 1566 la ciudad prosperó significativamente en torno a la industria de los tapices. Los fabricantes de tapices eran un importante gremio, que más adelante tendrían vinculación con determinados acontecimientos políticos y bélicos.

Precisamente de aquellos años data la edificación del ayuntamiento, construido en 1556, en plena época de presencia española. La simple existencia de esta construcción ya justificaría en sí misma cualquier visita a esta ciudad. Sin embargo, el ayuntamiento no es el primer sitio que visitaremos en esta ocasión.

Llegamos a la ciudad a media mañana. En la estación nos espera la familia de mi amigo belga, la cual en sendos coches nos lleva a las afueras de la ciudad, donde se extiende una hermosa campiña. A una zona desde en la que se aprecia ese paisaje flamenco, tan verde y a la vez poblado.

Desde lo alto de una colina divisamos los alrededores, donde se ven pequeñas casas aisladas que pueden ser granjas, y que se despliegan sobre la orografía de la zona. Este alto ha sido una parada en el camino que nos lleva hasta la fábrica de una de las cervecerías locales más reputadas, nuestra próxima visita.

Alrededores de Oudenaarde

Esta cervecería se llama Roman y ha sobrevivido de generación en generación dentro de la misma familia desde el año 1545. Tiene por tanto su origen en la época hispánica, lo que me hace imaginar que quizás muchos españoles disfrutaron de sus productos. Visitamos la cervecería y degustamos varias de sus cervezas. En mi caso, creo que se trata de la primera vez que visito una fábrica de cerveza. Venir a Bélgica es una buena oportunidad para hacerlo, y, dado que en Oudenaarde no sobreabundan las atracciones turísticas, es también una visita obligada.

Esta es, además, una cervecería de abadía. Estas Las cervezas de esta procedencia suelen ser las más prestigiosas del país, pero en el caso de Roman hay que matizar. Espero que no se molesten en la empresa, ellos mismos nos lo contaron y además creo que ya les he hecho una buena publicidad. Inicialmente esta cerveza no se fabricaba en una abadía. Años o siglos después, y debido al descenso en el número de religiosos, una abadía cercana quedó abandonada. Fue entonces cuando Roman aprovechó para adquirirla y erigirse como una cerveza “de abadía”. Algo así, más o menos, fue lo que recuerdo que nos explicaron.

Después de probar algunas cervezas, no muchas, llega para nosotros el momento de comer. Pero todavía no vamos a la ciudad, sino a la empresa de mi amigo belga donde su familia muy amablemente nos ha preparado un almuerzo típico belga, que incluye una exquisita sopa de calabaza, muy tradicional en Flandes.

Después de la visita a la cervecería y de la comida familiar, ya sí, ponemos rumbo al centro de la ciudad, donde nos esperan para asistir a una recepción en el ayuntamiento. También hacia el centro de Oudenaarde se dirigió el francés Jacques Blomaert en septiembre de 1572, quien saqueó la ciudad durante un mes. La inestabilidad se apoderaría de la ciudad durante todo el siglo siguiente. La década que siguió a este saqueo, fue particularmente caótica, hasta que el ocho de mayo de 1582 Alejandro Farnesio pone sitio a la ciudad, que acaba capitulando el seis de julio siguiente.

Oudenaarde no estaba bien guarnecida, y Farnesio llegaba con la inercia de haber tomado recientemente Tournai, algo más al sur. Aquí, el afamado estratega dio otra muestra de su genio: contra todo pronóstico dirigió a sus tropas hacia Menin, que solicitó ayuda a Oudenaarde. Este movimiento hizo que esta última ciudad quedase aún más desguarnecida. Pero el poner rumbo a Menin no era más que una treta de Farnesio, que acabó dando la vuelta para atacar Oudenaarde. El gobernador de la ciudad inundó las tierras que la rodeaban, algo habitual en esta región de canales y ríos. El asalto duró casi dos meses, pero tras recibir refuerzos, la ciudad se entregó finalmente en el mes de julio y el culto católico fue restaurado.

Volviendo al momento actual, siglos después soy yo el que visita la ciudad, con intenciones mucho más pacíficas. El ayuntamiento de estilo gótico se encuentra justo enfrente de la gran plaza, inmensa y despejada a la circulación de vehículos, en la que tan solo destaca una fuente octogonal, llamada “fuente real”, que fue construida en 1676 durante unos de los períodos de ocupación francesa.

Sobre la fachada principal del edificio se levanta el arco central, terminado en una torre rematada por una pequeña estatua. Se dice que esta estatua representa a don Juan de Austria, hijo de Carlos V. Al parecer la estatua fue recuperada durante una cruzada y en 1656, mientras estaba siendo reparada, este general entró en la ciudad, y la estatua se quedó con su nombre.

No suelo detenerme en la descripción de los elementos arquitectónicos o decorativos; además, es posible encontrar en otras fuentes profusa información sobre los detalles de este ayuntamiento. Solo diré que la mera contemplación del exterior de este edificio justifica por sí sola acercarse a visitar Oudenaarde. Sin embargo, lo mejor se encuentra en su interior. Yo no había leído nada sobre Oudenaarde y no esperaba encontrarme, tan de golpe, todo lo que allí encontré.

Vista del ayuntamiento de Oudenaarde

Somos un grupo numeroso, así que nos guían hasta la sala principal, la cual ocupa prácticamente todo el ancho del edificio y cuyas ventanas dan directamente a la plaza que habíamos atravesado unos minutos antes. Nada más subir las escaleras que nos conducían a esta “Sala del pueblo” (o Volkzaal), al girar la vista hacia la derecha me encuentro con el mayor escudo imperial que creo haber visto hasta ahora. Todo el centro de la pared principal se encuentra decorado con una inmensa águila bicéfala. Discutimos si es de Carlos V o de Felipe II, pero el escudo de Portugal en el centro nos hace pensar que es de este último. Por si esto no fuera suficiente, cada una de las vidrieras de los grandes ventanales de la sala, se encuentran decoradas con los escudos de los distintos territorios peninsulares (Granada, Castilla, Navarra, Aragón, León y Portugal), así como los de otras posesiones de la Corona.

Estos escudos se reproducen también en otros cuadros que decoran la sala, en los que figuran los años en que fueron realizados (1644, 1646 y 1700).


Escudo imperial en el ayuntamiento de Oudenaarde
Vidrieras con los escudos de Portugal, Castilla y León, Granada, Aragón y Navarra
Escudos en las paredes de la “Sala del Pueblo”

Casi toda la decoración de la sala la llevó a cabo Paul Vander Schelde, quien además fue el artista encargado de elaborar una espectacular chimenea gótica que se encuentra en frente de la pared del escudo imperial. Esta chimenea es aún más profusa en detalles que los escudos previamente mencionados. Son tantos los detalles que no los recuerdo, así que paso a citar literalmente a Antonio Bermejo Herreros, cuyas obras sobre el pasado de Flandes siempre me acompañan cuando escribo un artículo: “la chimenea lleva a cada lado una figura simbolizando la Justicia y la Fuerza y en el dintel las armas de la casa de Austria, de Flandes y de Oudenaarde. En la placa de hierro del hogar, el escudo de Carlos Quinto con las columnas de Hércules y la fecha, 1545. A cada lado de esta placa, hay una graciosa columna de hierro forjado de unos cincuenta centímetros para sostener el morillo, la una

lleva bajo un doselete la diminuta figura del emperador de cuerpo entero y la otra, la izquierda, la de su esposa Isabel, ambas con toda clase de detalles. Los mosaicos rosados que cubren el hogar de la chimenea, todos idénticos, llevan las efigies enfrentadas del emperador y su esposa”. Dos estatuas a tamaño natural del emperador y la emperatriz terminan por decorar la sala en los extremos de la misma.

Las fotos que adjunto son reflejo de lo que se puede observar en el salón.

Detalle con las efigies del emperador Carlos y la emperatriz Isabel

No solo el detallismo de cada rincón del salón llama mi atención, sino, sobre todo, el hecho de que se encuentra en una ciudad “perdida” de Flandes.

Más adelante, tenemos también una presentación a cargo de una concejala del ayuntamiento, que nos explicó las últimas mejores llevadas a cabo para adaptarse a la nueva normativa contra el cambio climático.

Una de las ventajas de viajar con un grupo y de que nos acompañe una persona local de la localidad es que tenemos acceso a otra de las salas de esta planta, de reducido tamaño, pero que también vale inmensamente la pena visitar. Es la llamada “Sala Echevinale” o de los concejales. Nada más acceder a la sala, lo que más destaca es la puerta de acceso. Está profusamente decorada y sobre su dintel incluye, una vez más, el águila bicéfala. Entre los cuadros de la sala, destacan los retratos de Carlos V y de Margarita de Parma, así como otro de Carlos II en 1686. A pesar de que no nos lo indican, encuentro otro cuadro de Alejandro Farnesio en el momento de su muerte. Un gran cuadro de Luis XIV y otras menciones a personajes franceses terminan de decorar la habitación, donde también se encuentran las efigies del duque Alberto y la infanta Isabel.

Retratos de Carlos II y Alejandro Farnesio

A continuación, visitamos el resto del edificio, incluyendo la sala del museo y otras donde se realizan exposiciones temporales sobre los famosos tapices que dieron fama a esta ciudad. Probablemente haya aún más referencias al pasado español, pero yo no logró encontrarlas.

Abandonamos el ayuntamiento y hacemos un recorrido por el centro de la ciudad antes de despedirnos. Además del ayuntamiento, hay otro edificio que solo puedo ver por fuera, pero que también tiene su vinculación con la historia de España. Se trata de la casa de Margarita de Parma. En 1521, Carlos V pasa por Oudenaarde en su campaña contra el rey francés, Francisco I. En Oudenaarde conoció a una joven noble flamenca con la que tuvo su primer hijo, o hija, en este caso: Margarita de Parma, que acabó siendo gobernadora de los Países Bajos.

Como sabemos, Francia persistió en su objetivo de tomar Flandes. Algo más de medio siglo después de la reconquista de Oudenaarde por Farnesio, en 1658, los franceses la tomaron de nuevo. Fue devuelta a España tras la paz de los Pirineos, retomada por Francia en 1667, y finalmente devuelta un año después por la paz de Nimega. A veces, no entiendo muy bien para qué firmaban estas paces, si duraban tan poco y nunca se cumplían del todo. Así fue una vez más cuando, en 1684 y con el desarrollo de la artillería, los franceses destruyeron totalmente la ciudad y, poco más tarde, España abandonaría Oudenaarde para siempre.

Despidiéndonos de Oudenaarde

Siglos más adelante yo también dejo Oudenaarde, no porque se haya firmado ninguna paz ni porque estén asediando la ciudad, sino porque me toca volver a casa. La diferencia es que la Europa de hoy, donde ya no hay fronteras entre antiguos enemigos, me permitirá volver siempre que quiera.

Guillermo Vergara

Un comentario sobre “En cualquier rincón

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s