Las huellas españolas en Bruselas. Capítulo I.

¿Existe herencia española en Bruselas?

La respuesta es: muy poca. Pero que no existan casi vestigios de la época española (más que españoles) en la actualidad, no quiere decir que no los hubiera en el pasado. Como decía cuando escribía acerca del Gobernador Villahermosa, si se viene a Bruselas con ánimo de recorrer el legado hispano, será necesario usar la imaginación.

En este tiempo he realizado distintas rutas por la ciudad plasmando los rincones en donde una vez la historia de España fue también la historia de Flandes.

Mi primer recorrido comienza en el conocido barrio de Sablon, otrora zona aristocrática de la ciudad. Situado entre el centro y el barrio europeo, es un buen lugar para comenzar este recorrido.

La espectacularidad de la Iglesia de Nuestra Señora de Sablon, de estilo gótico y mucho más detallista que la Catedral de san Miguel y santa Gúdula, hacen que a menudo los turistas piensen que esta iglesia es la Catedral. Merece mucho la pena visitar el edificio y contemplar sus numerosas vidrieras desde el interior. En otra época fue común que aquí se produjeran enterramientos de personajes españoles, sin embargo en la actualidad no parece que queden signos de los mismos, tras diversas reformas.

Sin haber estado en Bruselas, es difícil seguir las indicaciones de mi recorrido, por ello he añadido un mapa “de andar por casa”, que facilite al lector su ubicación y me ahorre explicaciones innecesarias mientras escribo.

Elaboración propia: Aquí Estuvo España

Situándonos frente a la Iglesia, en la calle de la Regencia se halla el hoy Conservatorio Real de Bruselas, en su fachada puede verse una placa a Tour y Tassis. En la placa aparece el característico perfil de Carlos V. Tour y Tassis eran los encargados de llevar la posta o correo desde la corte en Bruselas a otros territorios de los Austrias, organizando en 1516 el primer servicio de correo internacional. Con el paso del tiempo, el nombre de Tassis derivó en Taxi, de donde provienen los actuales taxis, que llevan pasajeros en vez de cartas. El origen por tanto del taxi está en Bruselas y se vio muy influenciado por la administración española. Algo que yo hasta este momento desconocía. 

Placa en memoria de Tour y Tassis, con el rostro de Carlos Quinto

Avanzando un poco, en perpendicular a la calle de la Regencia, encontramos la plaza o parque de Pequeño Sablon, desde donde las vistas de la Iglesia de Sablon a través de las rejas y flores del parque constituye una típica foto bruselense. Alrededor del parque se encuentran estatuas de diversos personajes vinculados a los oficios o gremios de Bruselas.

Vista De la Iglesia de Sablon desde la Plaza de «Pequeño Sablon»

En el centro, dos principales, Egmont y Hornes, echándose ambos el brazo por encima como buenos amigos que dicen que eran. De ambos personajes hablaré en un artículo futuro, pero son muy importantes para la percepción que se tuvo durante mucho tiempo de los reyes de España en estas tierras y forman parte de un episodio de oscuridad de nuestra historia. Si tienen que incluirse en la leyenda negra o si fue un acto proporcional a los tiempos, yo no puedo concluirlo. El caso es que ambos fueron nobles flamencos al servicio del Rey de España, a los que se vinculó con un intento de rebelión o tonteos con el protestantismo, o simplemente le cayeron mal a algún fraile; no está muy claro. A la llegada del duque de Alba, en 1567, tantos Hornes como Egmont fueron condenados y decapitados en la Grande- Place, donde se encontraba la estatua inicialmente y donde un placa en el edificio conocido como “Maison du Roi” hoy lo recuerda. 

Parte posterior de la Estatua a Hornes y Egmont

Dejando atrás este, como mínimo, turbio episodio, llegamos a uno de los pocos restos auténticos de época española. Al costado del parque una pequeña calle, conocida como “de los seis jóvenes” (al parecer seis jóvenes lanzaron hollín a un protegido del duque de Alba, quien los ahorcó, se dice), nos introduce en un pequeño serpenteo donde las casas aún conservan parte de su originalidad datada en época española. En concreto la continuación de esta calle, llamada “calle cuatro hijos Aymon”, cuyo nombre viene de los gigantes así llamados que salían en procesión.

Para terminar esta primera parte de mi primer recorrido, vuelvo a subir hacia el Palacio de Egmont, situado frente a la estatua de su antiguo dueño. El palacio es hoy en día usado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y solo puede visitarse ocasionalmente y con reserva previa, yo tuve la suerte de descubrir su interior hace varios años.

Vista Exterior del Palacio de Egmont
Esquina de la Plaza de Pequeño Sablon y la calle de los Carmelitas

El Palacio se encuentra a la espalda del Pequeño Sablon, ya en la calle de los Carmelitas por donde continuamos nuestro recorrido. A pocos metros topamos con el cuartel Príncipe Alberto, donde antaño se ubicaba el Palacio de Culembourg. De nuevo, este es un edificio curioso y muy interesante para aquellos con interés en la Guerra de los 80 años y la sublevación holandesa, pues aquí fue donde nació el apelativo de los «mendigos del mar» para referirse a los sublevados. Sin entrar en detalles, fue en este edificio donde se reunieron los firmantes del conocido como Compromiso de Breda/de los Nobles (1566), a través del cual pedían «reformas» a Felipe II, que no las otorgó del todo. No obstante, ante la preocupación de la gobernadora, Margarita de Parma, uno de sus consejeros (Berlaymont) se refirió a este grupo de nobles como simples «mendigos» (gueux, en francés). A estos les hizo mella el nombre y decidieron aplicárselo y nos la liaron pero bien hasta la independencia de las Provincias Unidas en 1648. A su llegada, en 1568, el Duque de Alba derruyó el edificio y según cuentan lo sembró de sal.

Antiguo Palacio de Culembourg/Cuartel Príncipe Albero

Siglos después en un extremo del cuartel se colocó una placa conmemorativa de estos acontecimientos, donde se recuerda el banquete que tuvieron los nobles que se sublevaron y el nacimiento de la expresión «los mendigos» y se asegura que «la libertad vale más que la vida», la de los nobles holandeses, claro.

Placa en recuerdo de los Mendigos del Mar

También junto al Palacio existió un Convento Carmelita, demolido en 1811 tras la expulsión de los religiosos en 1796.

Ya mencioné antes a los malogrados Egmont y Hornes y su detención por el duque de Alba. Fue al final de esta calle de los Carmelitas, en la intersección con la calle Namur, donde ambos fueron apresados. La razón es que aquí estaba la casa del Duque de Alba, el Hôtel de Jauche, donde éste residió de manera temporal y a donde invitó a ambos nobles a comer, momento que aprovechó para detenerlos. Muchas historias curiosas y míticas sobrevuelan la manera en la que se produjo su detención, la cual espero contar más adelante. Hoy en día no queda nada de este edificio, pues se destruyó en 1843. Para ser sincero, ni siquiera sé si la foto que adjunto es realmente la del lugar donde se levantaba. Pero como dije al principio de mi historia, hoy no nos queda otra que usar la imaginación. El Hotel Jauche puede parecerse a lo que quieras.

Hoy en la calle de los Carmelitas hay un edificio gris del Ministerio de Cooperación y Desarrollo y la Embajada de Grecia, no es una ví principal y nunca está muy concurrida. Sin embargo, en época española fue muy importante como acabamos de ver.

En el próximo capítulo descenderé la calle de Namur hasta llegar a la Plaza Real, donde también desemboca la calle de la Regencia, que crucé anteriormente frente a la Iglesia de Sablon. Seguiré contando pequeños detalles de nuestra historia y usando la imaginación para intentar transmitir lo que fue este rincón de la Monarquía de los Austrias españoles.

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