Las huellas españolas en Bruselas. Capítulo III.

Guillermo Vergara, Bruselas, junio 2022

En el último capítulo, concluimos la ruta en la Plaza de España, bajo la panza de Sancho y la adarga antigua de Alonso Quijano.

Don Miguel de Cervantes no trajo a don Quijote y Sancho a esta ciudad, por entonces, también “española”. Si lo hubiera hecho, tal vez ambos habrían cruzado el Bulevar de la Emperatriz frente a la plaza de España y llegando a la Catedral se habrían encontrado con el marqués de Spínola. Sí, el mismo Ambrosio Spínola, el de mi primer artículo en esta web sobre la ciudad de Ostende. Hoy, la calle donde este residió entre 1614 y 1616, aún lleva el nombre de “Rue du Marquis”. Aprovecho para invitaros a leer esta breve reseña que escribí sobre la casa que el marqués tuvo también en la ciudad de Brujas, cerca de la cual yo tuve la suerte de vivir un año. 

En la esquina de la calle, tendremos ante nosotros una fotogénica imagen de la Catedral. Yo, hoy, no voy a entrar. Pero, os invito a leer también, mi última visita a la misma y los interesantes vestigios españoles que aún se conservan.

Ahora que ya habéis leído el artículo sobre la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, podemos continuar el recorrido.

Cruzamos de nuevo el bulevar para descender por la Rue de l’Ecuyer. Yo sugeriría desviarse a la altura de las famosas Galería Reales. En vez de comprar chocolates o joyas, podemos ir a la Librería Tropismes, la cuál está en un anexo a la Galería principal y desemboca en la Rue de Dominicains, es decir en la calle de los Dominicos.

A partir de aquí, de nuevo será necesario, como en anteriores artículos, hacer uso de la imaginación. 

En esta callecita hubo una iglesia. Ya no la hay. Imaginémosla a la altura de la calle que prefiramos, pues no se dónde estaba. En 1457, el Papa otorgó permiso a Isabel de Portugal (no la de Carlos I, sino la esposa de Felipe el Bueno. Es que ha habido varias), para levantar un convento, cuyo cuidado se encargó a los dominicos. La iglesia del convento fue muy visitada por los españoles. El propio Granvela- del que hablé en el segundo artículo de la serie por Bruselas– llevó a cabo acciones relevantes en esta Iglesia, como consagrar a un futuro arzobispo de Toledo que acabó siendo perseguido por herejía. Cómo se lo pasaba esta gente…

Calle de los Dominicos, en el centro de Bruselas

Una anécdota interesantes es que la iglesia que aquí se levantaba albergaba una Virgen del Rosario, muy venerada por los españoles. Puede que su presencia se deba simplemente a la devoción de los dominicos por el Rosario. No obstante, es curioso, y no sé si tiene algo que ver con el mismo episodio, pero una Virgen del Rosario también se llevó a Lepanto por las tropas granadinas que allí combatieron. Esa imagen aún se venera en la Iglesia de Santo Domingo de Granada y procesiona cada Miércoles Santo, intentando hacer sombra a la Hermandad de los Estudiantes ese mismo día. Yo no descartaría que más de uno de Lepanto acabase viniendo a este rincón de Bruselas y que exista relación. De hecho, la imagen que aquí se conservaba era conocida como «La Virgen de los españoles» y se vincularon algunas victorias contra los holandeses a su intercesión. Esta imagen, como la de mi ciudad natal, también salía en procesión. Las crónicas destacan la gran parada de 1642, por ejemplo, con gran participación de personalidades españolas y que concluyó en el Palacio de Coudenberg.

Como decía, hoy no hay nada que ver en esta calle, pero vale la pena imaginarse una Semana Santa andaluza en Bruselas, en los siglos XVI y XVII. La calle vuelve a llevar a la Rue de l’Ecuyer. Continuamos el descenso hasta llegar a la explanada de la Plaza de De Brouckère. Probablemente muy diferente a la que existía en época española e incluso a aquella sobre la que a principios de siglos Jacques Brel cantaba:

Place de Brouckère, on voyait des vitrines.

Avec des hommes, des femmes en crinoline.

Place de Brouckère on voyait l’omnibus

Avec des femmes, des messieurs en gibus”

Hoy, los escaparates de las principales marcas están en una calle paralela a la plaza, la Rue Neuve. Los cines y el Hôtel Metropole son recuerdos del bullicio de esta zona que, si bien se mantiene, ha cambiado mucho. El Bulevar Anspach, que muere en la plaza, solía ser una zona de compras donde los belgas acudían en coche, cuando estos empezaron a abundar en el país. Al parecer tenían la costumbre de comprar casi desde el vehículo. Por suerte, hoy en día el bulevar está peatonalizado. Doy fe de ello, pues viví siete meses muy cerca, mientras empezaban las obras, o las terminaban, aquí a veces es difícil saberlo.

Explanada de la Plaza De Brouckère

La parada en De Brouckère la justifico en que aquí se levantaba una Iglesia agustina. La iglesia también desapareció, pero la fachada cayó en gracia y se trasladó al Barrio de Ixelles. Volveremos a hablar de ella en el futuro.

Precisamente, continuando por la Rue des Augustins o calle de los Agustinos, llegaremos al beguinario de la ciudad. Muy diferente a los de Flandes. En el centro la Iglesia de san Juan del Beaterio hace intuir, por la disposición de las casas, que aquí pudo haber una especie de recinto, pero hoy en día no hay muros a su alrededor que lo atestiguen. El motivo, en parte, es que en 1579, los luteranos ocuparon la iglesia que fue demolida en 1584.

Sin embargo, años más tarde, en 1623, mientras la infanta Isabel peregrinaba a Laeken- como conté la semana pasada en este otro artículo-, esta coincidió con varias beguinas que también peregrinaban. Se dice que en ese trayecto tomó forma la idea de reconocer a santa Begge como su patrona y que en la celebración se decidió reconstruir el begunario y levantar una nueva iglesia, la cual se consagró en 1676. 

La Iglesia, cuya foto adjunto, es hoy muy conocida en Bruselas, pues su párroco suele prestarse a que sea utilizada para visibilizar ciertas causas sociales o para albergar a refugiados. 

A pocos metros de esta Iglesia, en la Rue du Grand Hospice, se encuentra el Hospicio “Pacheco”. No debe confundirse con el hospital Pacheco, también cercano y que toma el nombre de la misma persona: don Agustín Pacheco Henríquez.

El Hospicio cambió varias veces de sitio y hoy es una residencia de ancianos y personas con discapacidad. 

Agustín Pacheco era extremeño de Trujillo. Pacheco fue gobernador de Léau y se casó con Leonor Solís, hija del gobernador de Amberes, don Fernando Solís. Leonor murió a los dos años, en 1671, y el proyecto de su padre de instalar en el castillo de Amberes un hospital para soldados españoles no se llevó a cabo. 

En 1674, Pacheco se volvió a casar, esta vez con Isabelle des Mares, flamenca de toda la vida e inmensamente rica. Pero también fue solidaria y ejemplo del “mestizaje” entre españoles y flamencos. Agustín Pacheco murió en 1688 y siguiendo sus deseos y los de Leonor, Isabelle dejó en su testamento que se créase un centro donde “se acogiesen damas nobles españolas de más de 40 años. De preferencia pertenecientes a las familias de los fundadores, o que sean viudas de oficiales o de magistrados o que pertenezcan a buenas familias del país, prefiriendo las nobles a la burguesía y las extranjeras.” El proyecto echó a andar después de que España abandonase estas tierras, pero como pasó en el resto del mundo, da una idea de los problemas a los que se siguieron enfrentando los españoles que se quedaron en tierras de donde España fue expulsada. Hoy en día las condiciones de admisión son distintas, pero es un bonito detalle de la ciudad haber mantenido el nombre de un hospicio, un hospital y un bulevar en memoria de Agustín Pacheco, o más bien de Isabelle des Mares, aunque casi nadie lo sepa. 

El camino de vuelta al Bulevar Anspach recomiendo hacerlo cruzando la Plaza de Santa Catarina, la calle Dansaert y el mercado de Saint Géry hasta llegar a la Bolsa.

Desde aquí, iniciaremos la próxima ruta por las huellas españolas de Bruselas. 

Elaboración propia: Aquí estuvo España

Este artículo se ha inspirado en la ruta realizada por Antonio Bermejo Herrero, cuya experiencia la recogió en el libro «Recuerdos españoles en Flandes».

Guillermo Vergara, Bruselas, junio 2022

Un comentario sobre “Las huellas españolas en Bruselas. Capítulo III.

  1. […] En el último capítulo, habíamos concluido nuestro recorrido en el edificio de la bolsa de Bruselas, el cual hoy alberga exhibiciones diversas. Antes de entrar en el meollo de la ciudad, pues en esta ocasión la ruta nos llevará por la parte más céntrica de Bruselas, es recomendable hacer una última parada que complete nuestro conocimiento sobre Agustín Pacheco, del cual hablábamos en el último capítulo. […]

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